La Música Francesa -1925- [ Lenguaje - Géneros ]
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El siguiente texto es parte de un análisis hecho por Charles Koechlin, y publicado originalmente en 1925 en un volumen dedicado a la técnica, estética y tendencias de la música, que formaba parte de la enciclopedia y diccionario de música del Conservatorio de París.
Armonía
Dice Ch. K.:
Abreviaremos un poco, remitiendo al lector a tratados especiales, tales como el excelente Etude sur l´armonie moderne, del Sr. René Lenormand. Quedaremos convencidos por sus numerosos ejemplo, de la riqueza de la invención de nuestros compositores; veremos el movimiento de traslación de toda la joven escuela. Esta obra, extremadamente completa, y muy seriamente estudiada, se anima a veces a comentarios atrevidos, originales y fuertemente razonables. El Sr. Lenormand es probablemente el único músico de edad que comprende a los jóvenes y simpatiza con ellos...
Pero nuestra tarea es más restringida que la de su libro. Consiste simplemente en mostrar que esta evolución fue natural y preparada por los maestros.
La armonía es cosa importante en nuestra época, aunque desagrade a los apóstoles de la escritura contrapuntística. No es justo, y no es conforme al fenómeno de la audición, analizar los agrupamientos de sonidos, sólo desde el punto de vista de las líneas.
[ El párrafo anterior, es una clara y contundente respuesta a los postulados de V. D´Indy, en su tratado de composición:
Armonía es la emisión simultánea de varias melodías diferentes. Esta emisión da nacimiento a combinaciones de sonidos, las cuales los tratados de armonía han dado el nombre de acordes. Por otro lado, siendo la música un arte de movimiento y de sucesión, entiende que los acordes, en tanto combinaciones de sonidos, sólo aparecen por el efecto de una detención del movimiento de las partes melódicas, de las cuales son necesariamente integrantes. Musicalmente, los acordes no existen y por lo tanto la armonía no es la ciencia de los acordes. El estudio de los acordes por los acordes mismos, es desde el punto de vista musical un error estético absoluto, ya que la armonía se desprende de la melodía y no debe ser jamás separada en su aplicación. La notación representa la sucesión de (melodía) en el sentido horizontal, y de la simultaneidad (armonía) en el sentido vertical. Los fenómenos musicales deben siempre ser encarados, gráficamente, en el sentido horizontal (sistema de la melodía simultánea) y no en el sentido vertical, como lo hace la ciencia armónica, tal como es enseñada en nuestros días. ]
Si bien es cierto que los movimientos de las partes son percibidos por el oído con una lógica singular, este no le otorga mayor importancia que al efecto producido por la simultaneidad de las notas. Como se dice: se escucha igualmente bien horizontal y verticalmente. Es fácil convencerse del encanto de un acorde, así como de un falso bajo, o de una modulación torpe. Usualmente la expresión se desprende tanto de las armonías, así como de la línea vocal, y más de las veces, estas armonías no provienen en absoluto de los movimientos melódicos, sino de la idea primaria del compositor. Es mismo Sr. D´Indy, por más ferviente que pueda ser con respecto al estilo polifónico, ¿no ha escrito sin embargo estos pasajes donde el acorde juega un rol primordial?:
En una interesante carta escrita al Sr. Lenormand, el Sr. D´Indy se mostraba un poco escéptico al respecto de la armonía: "Algunos acordes pasan de moda, decía en esencia; cuidémonos de hablar antes de que caigan en desuso. Hoy día, ¿osaríamos todavía emplear la apoyatura de la quinta en el acorde séptima de dominante, tan preciada por Gounod?" No se puede ocultar que hay en estas palabras cierta ironía con relación a la moda. Pero hemos ya aclarado nuestra forma de pensar en ese aspecto: Ningún acorde ha envejecido, si el genio del músico sabe galvanizarlo. Y es precisamente respecto de esta armonía que podríamos creer pasado de moda:
y la encontraríamos seguido en el Sr. Gabriel Fauré, especialmente en el final de C´est l´extase, una de sus más refinadas melodías; nadie se atrevería a encontrarla en desuso. El Sr. Ravel, llegado el caso, de ninguna manera se priva de escribirlo; y no por eso es un retrógrado, sino un espíritu libre capaz de elegir sus medios al margen de la moda del día.
La verdad, (lo hemos dicho más arriba), son sólo las fórmulas las destinadas a pasar. ¿Son banales las series de acordes perfectos modulantes? No lo sabemos... o mejor dicho, eso depende del caso o del compositor; pero es seguro que los acordes de Fervaal citados anteriormente (Ils dorment...) no nos parecen en esos pasajes, de ningún modo envejecidos.
Este preámbulo no era inútil, sin duda, para excusarnos de darle al estudio del lenguaje armónico toda la importancia de la cual creemos que es digno.
Entremos ahora en el detalle.